domingo, 11 de febrero de 2018

Desde nuestro jardín: Carta 2

29 de mayo de 2016
Domingo.

¿No te parece el día de la semana más nostálgico?

No me gustan los domingos, prefiero los lunes que nadie quiere; para quedármelos, consolarlos y hacerles entender que son el inicio, la nueva oportunidad, las ganas de seguir…

Los domingos, en cambio, son los planes a medio terminar, las despedidas, las ganas de llorar a las seis de la tarde, las cenizas de los bailes y tú. Son nostalgias disfrazadas que llegan con el ocaso y terminan donde tus piernas; entre las sábanas y las canciones de Cerati, entré el té y la mirada de dos enamorados, hasta las trancas, tocándose las manos y descubriendo la certeza en los ojos del otro.

Te echo mucho de menos. No, no: te echo de más. Porque, ¿qué es echar de menos? Pareciera que es cuando el tiempo va haciendo más pequeño el amor. Te echo de menos es “te siento menos”, “te pienso menos”, “te quiero menos”. Yo te echo de más porque estás cerquita en las mañanas, con el café; en la sonrisa de cualquier niño, en mi mantra, en mi corazón, en mis letras, en mí.

Te quiero… más.

Podría decirte que estoy a tus seis, pero no puedo, aunque quiera, porque uno no puede proteger con sus manos a quien se encuentra lejos; no conoce los monstruos que le acechan.

Estoy a tus tres. Mira a tu lado.

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