martes, 30 de junio de 2015

Días de verano

Se fue junio como queriendo quedarse, se dio la vuelta y caminó despacio esperando que le pidieras un momento más, que le dijeras que sus tardes nubladas te recuerdan a mí, y que te sentaras con él en la acrópolis para volver a verme acostada en tu cama, diciéndote que vengas porque empieza a llover, y que me digas que estás por terminarte el último cigarro y luego me observes como si estuvieras construyendo mi imagen en tu memoria para cuando ya no la tengas a seis pasos de ti.

Él partió y tú no lo buscaste. Bajó por las escaleras de caracol a la cocina, tomó nuestras noches bebiendo chocolate caliente y echó agua fría a nuestras risas, a ver si revivían, pero no.  Se despidió del perro que no era tuyo y volvió a vernos descalzos en los sillones de piel escuchando a Fénix, que seguramente nos contaba de nuevo que ya no quiere ser tan borracho. También te vio besándome la frente  y diciéndome que me recostara en tu hombro mientras que nos íbamos a dormir.

Recogiendo los momentos que planeaba llevarse, volvió a toparse contigo diciéndome lo bonito que te parecía el vestido azul que llevaba puesto, y yo haciéndote una media sonrisa, tú tomándome de la mano y agradeciéndome por estar. 

Se hace tarde y alguien debe irse. 

Ya está la puerta abierta. 

Alguien se está poniendo difícil…

Ya en la puerta, echando un vistazo atrás, confirma que no ha dejado nada, y se va.

Pd: Si quieres que te cuente un secreto, debo confesarte que yo tampoco lo detuve, pero sí lo despedí. También me besó la frente y prometió recordarnos algún día de verano.

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